El día que la Fania tocó para un Joe de metal

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El Parque de los Músicos congregó a Ismael Miranda, Adalberto Santiago y Luis ‘Perico’ Ortiz, quienes le cantaron al ‘Centurión de la noche’ antes de su presentación esta noche, en gala de Barranquijazz.

“¡Abran paso! Caballero, ¡ábreme paso!”. Eso no lo dijo, pero lo pensó Jorge Mario Castellar cuando divisó, desde el articulado de Transmetro que lo trasladaba desde el Portal de Soledad, una guayabera negra que se le antojó salsera. Las canas de Adalberto Santiago fueron lo primero que reconoció en ese encuadre inusual para su vista, fijada en el corazón musical de Barranquilla.

Álvaro José Arroyo, gigantesco, monumental, montado sobre una decena de pilares amarillos, cansado de recibir serenatas de a pie, improvisadas por los cantantes resignados en el Parque de los Músicos, oía una nueva tarareada. “A Joe Arroyo, mira, ¡qué lindo!”, vociferó Luis ‘Perico’ Ortiz, trompeta en mano, mientras comenzaba la tocata que sacó del letargo a los artistas que se abandonan a metros del ‘Centurión’ de metal.

Ismael Miranda, ‘el Niño Bonito de la Salsa’, completaba la imagen que hizo bajar apurado a Castellar, gerente de área del McDonalds de Buevanista, quien entraba a las 5 p.m. a su turno. “Por favor, una foto, que voy a llegar tarde al trabajo y me bajé del bus solo por la foto”. Todos voltearon a mirarlo, mientras Jorge Mario, temblando, le pasaba su celular a cualquier músico desconocido que le hizo el favor de cumplirle un sueño que ni se había planteado.

El fanático llegó cuando la música se detuvo, luego de que ese trío, desprendido de Fania All Stars, se encantara con la estatua de un Joe “bello, tremendo”, como lo describiera Miranda. “Yo tuve el placer de conocerlo en Nueva York. Como tres o cuatro meses antes de fallecer, de hecho, nos vimos en el United Palace, de Nueva York”, comentó el intérprete de Careta.

¡Que pasen las maracas! “¿Quién toca las maracas de ustedes?”, interrogó ‘Perico’ a los músicos aglomerados a su alrededor. “¡Álex!”, coincidieron gritando todos. “Tírale la clave en la cabeza a Luis ‘Perico’, Joe”, le suplicó Miranda a la mole de cobre, mientras esperaban al único maraquero que, a esa hora, se apostaba a un lado de la estación de Transmetro.

“Yo conocí a Joe hace como diez años, luego no nos vimos en mucho tiempo, hasta hace tres años”, llenó Ismael el silencio que esperaba el sonar de las maracas. “Era bien de pueblo”, complementó ‘Perico’, mientras en segundo plano, en el fondo, un tipo de aspecto rudo se abotonada una camisa manga larga. “Esto es serio, es pa’ Joe”, sentenció Adalberto Santiago.

“Yo salí a pagar la tarjeta Crediuno. Regresé, me dice mi compadre: -Busque la maraca. Y yo: -¿Pa’ qué, compa? ¿A quién voy a acompañar? -Vaya, que le estoy diciendo. Cuando yo veo que es Su Majestad la Reina, ¡jodaaaa! Yo me pongo  la camiseta y salí de gancho ciego, cuando veo a semejantes figuras…”.

Alexander Villa, residente en el barrio Carrizal e integrante del grupo Los Cinco de Oriente, resume así cómo acabó tocando con tres leyendas de la Fania, algo que no se hubiera imaginado ni en sus más ambiciosos anhelos.

“Para ti, Joe Arroyo”, comenzó Santiago un estribillo que estrellas y músicos habituales del parque siguieron armónicamente. Improvisada por aquí, verso por allá, ‘Perico’ no soltó la trompeta hasta que Adalberto e Ismael no hicieran lo que quisieran con verbo e inspiración salsera. “Cantante bueno, cantante maravilloso”/ “Oye, barranquilero de corazón, un homenaje sincero de tus amigos”.

Las fotos, los recuerdos “Usted hubiera escuchado hace media hora todos los chistes que echamos”, declaró el trompetista del mítico grupo sobre las oportunidades de reunión que tiene con sus excompañeros de orquesta. ¿De quién se burlaban? “Eso no se puede decir”, responde Santiago, pero tanto él como ‘Perico’ y Miranda coindicen en afirmar que “es irónico” que el único espacio que tienen para compartir de verdad “es en los hoteles, cada vez que tenemos presentación”.

No les alcanza para charlar sobre los viejos tiempos, las salsas de antes, las anécdotas incontables, porque todavía tienen el talento intacto para satisfacer a un público que cubre tres generaciones completas, porque Jorge Mario, el empleado de McDonalds que se bajó corriendo para verlos, no es que tenga más de 30 años.

Ismael Miranda, por ejemplo, acaba de ser nominado al Grammy Latino por su álbum  Son 45. Lo siguen llamando “el Niño Bonito”, como le gritó un transeúnte que lo oyó cantar la tarde ayer. “O lo que queda de él”, le respondió divertido y sincero,  porque sabe que la piel cede al paso del tiempo, pero su voz sí ha podido salirse con la suya.

Sabe cuál es su ángulo. Es el vanidoso del grupo, mientras que ‘Perico’ no hace más que contestar con picardía cada frase que escucha, con auténtica vitalidad. No se niegan a una foto. Ni Adalberto, el más callado, pero especialmente certero en cada apunte que decide regalar. Esa es La Fania que hoy queda, la que se puede recordar y disfrutar. Y vivir, como esta noche lo harán los asistentes a uno de los shows más esperados de Barranquijazz, en el Jumbo del Country. Será –dice Adalberto– la ‘noche más linda del mundo’.

Andrea Jiménez / El Heraldo.  https://youtu.be/-rRH0-HiXXU