Conozca a Edmar Castañeda, el colombiano que revoluciona el jazz con los sonidos del arpa.

Édmar Castañeda

Vio el arpa por primera vez a los 13 años, en su clase de baile de joropo, y se enamoró perdidamente de ella. Desde entonces, lleva 20 años tocándola hasta la obsesión. Luego de pasar su propia temporada en el infierno, su pasión enfermiza se convirtió en un show único con alma de jazz en Nueva York, en donde es respetado por el gremio más soléenme de jazzistas.

Edmar Castañeda, nace en Bogotá en el año 78, a sus 16 años, llegó a suelos estadounidenses, más precisamente a Nueva York, en donde su padre, un pianista radicado en Long Island, lo recibiría y llevara a la escuela en donde se enamoró del Jazz. Allí, estudió trompeta, donde adquirió todos los conocimientos necesarios para incursionarlos en el instrumento que le da el estatus más simbólico como el único colombiano ejecutor del jazz en el extranjero, el arpa.

Un día su padre le presentó a Alfredo Valdés hijo, un pianista que en los años dorados de la música latina tocó para Frank “Machito” Grillo, Arsenio Rodríguez y “Cachao”. Fue Valdés el que llevó a Édmar a Nell’s por primera vez y quien le abrió las puertas del mundo del jazz latino. Y fue después de la noche de fiesta en la casa de Paquito D’Rivera que este se convertiría en el padrino de Édmar de ahí en adelante.

Cuando Castañeda se dio cuenta que sus toques estaban siendo más que esporádicos, decidió remplazar su trajinada arpa. Le encargó una a un fabricante jubilado, en Bogotá, pero se la pidió con unos cambios muy especiales. Édmar quería que la columna vertical que soporta la tensión de las cuerdas fuese lisa y pulida, sin ninguna arandela. Que en vez de 32 cuerdas su arpa tuviera 34, para así tener una nota alta y una baja demás. Y que los tres huecos circulares en la parte trasera de la caja de resonancia se mantuvieran escondidos a la vista.

En 2005 Castañeda grabó Cuarto de colores, en el que Paquito D’Rivera toca el clarinete y el saxofón en dos canciones. Hacia el final del proceso de grabación el arpista comenzó a tocar con el percusionista Dave Silliman y el trombón Marshall Gilkes, y esa formación les gustó tanto que hoy siguen juntos. Su esposa Andrea Tierra, una antioqueña a quien conoció durante una lectura de poesía, ahora canta con ellos.

Desde hace 10 años el Trío Édmar Castañeda ha viajado por todo el mundo, tocando con músicos tan diferentes como el pianista español Chano Domínguez, el percusionista boricua Giovanni Hidalgo o el laudista iraquí Naseer Shamma, y abriendo los conciertos de pesos pesados como Wynton Marsalis, Diana Krall y Milton Nascimento.

La reputación del músico ha crecido, tanto que la casa de arpas francesa Camac, la más prestigiosa del mundo, le regaló una hecha a su medida y ahora se dispone a lanzar al mercado —por primera vez en la historia de esta casa— una línea de arpas llaneras. Sin embargo, el estilo de Castañeda no siempre fue fácil de vender y no sólo porque su instrumento ha sido empleado raras veces para tocar jazz.

Antes de ser aclamado en Nueva York, Édmar intentó ponerse en contacto con gente de la escena musical colombiana, pero nunca recibió respuesta. Finalmente, en 2007, un organizador de Ajazzgo lo vio tocar y lo invitó de inmediato al festival de jazz de Cali. Gracias al acuerdo que existe entre los diferentes festivales colombianos, el trío se presentó en Medellín, Manizales, Bogotá y Palmira. Hace un año el arpista volvió solo a Jazz al Parque, en Bogotá, para tocar con otros 33 músicos colombianos en una big band formada para la ocasión. Pero, después de diez años de carrera, es muy poco lo que Édmar ha tocado en su país natal.

“Se nos creció el niño del arpa”, dice riendo Paquito D’Rivera en una entrevista por teléfono cuando se entera del regreso de su protegido a su tierra natal. “Édmar es un animal único, un bicho raro, y se merece que su propio pueblo lo reconozca”.