Bobby Hutcherson, un vibráfono que se apaga

Bobby Hutcherson   Por: Barranquijazz Festival

Bobby Hutcherson  (1941-2016), maestro del vibráfono jazz y máximo exponente en la renovación de este instrumento, fallecido a los 75 años de edad, estuvo cerca de visitar nuestra ciudad como parte de la nómina de artistas de Barranquijazz, sin embargo, afecciones pulmonares que venían aquejándolo desde su gira por Europa impidieron su presentación en una pasada edición del evento.

Acerca de la partida de Hutcherson, el pianista Herbie Hancock dijo estar «profundamente entristecido por la pérdida de Bobby. Recuerdo cuando llegó a la escena del jazz en los 60 un joven con toda una nueva propuesta en la interpretación del vibráfono. A través de los años su manera de tocar y sus composiciones han sido continuamente emocionantes y brillantes».

En su momento, Hutcherson incorporó su instrumento de la misma manera que Lionel Hampton hizo con el swing, o Milt Jackson, con el bop. «Bobby era mucho más que un genio en los vibráfonos. Siguiendo los grandes pasos de Hampton y Jackson, su habilidad y manera de tocar perdurarán de manera entrañable en la comunidad del jazz. Estoy contento de toda la obra que logró realizar antes de su partida. Me encantó trabajar con él», afirma el bajista Richard Davis.

Nacido el 27 de enero de 1941 en Los Ángeles, California, Bobby estudió piano con su tía cuando era niño, pero no disfrutó de la formalidad del entrenamiento, así que desde muy temprana edad empezó a tocar en solitario. Acerca de su excepcional alegría, el bajista Buster Williams, evoca: «Un día en 1965 Bobby vino a mi casa, estaba emocionado por la última grabación de Herbie Hancock, Maiden Voyage, y quería escucharla.

Entusiasmado, decía ‘¡Esta melodía es diferente!’. Creo que Bobby nunca perdió esa emoción infantil ni el humor. En la banda siempre decía que su trabajo era mantener a los muchachos contentos. Lo cumplió totalmente». La pianista Renee Rosnes, con quien grabó el álbum For Sentimental Reasons, en 2007, recuerda, en una ocasión, haberle escuchado decir: «Nunca te preocupes de dónde viene la próxima nota, porque ella se presenta a sí misma si la esperas». «Para Bobby –afirma la músico canadiense– tocar música era una acto de fe, y esa forma de pensar no solo alimentaba la profundidad de su música sino que también era percibida por la audiencia».

Pero si Bobby era un grande del vibráfono, descollaba por igual en otros campos del arte musical. La composición, el fraseo, el ritmo, el sentimiento, la emoción, la armonía, la melodía, la teoría y la técnica eran dominadas por él con soltura.

Su participación en diversos géneros musicales le permitió exponer sus ideas desde varios ángulos. «Podía ser musical y visualmente enérgico y dramático, poniendo el vibráfono y la marimba lado a lado y tocándolos como si fueran un teclado, yendo y viniendo hasta completar largas obras musicales, o enfatizando las notas de manera que escucharas exactamente lo que tocaba. Podía tocar dentro y fuera de un acorde para crear colores complejos y atractivos y tomar su tiempo para tocar la balada, más lírica balada», recalca el pianista estadounidense Georges Cables.

El también pianista estadounidense Kenny Barron refiere el indudable talento de Hutcherson: «Podía moverse y tocar sobresaltado, o bien entonar una balada que te haría brotar las lágrimas. También te podía llevar a un viaje sonoro. Como Todd Barkan diría, la tierra nunca antes escuchada».

Bobby Hutcherson tomó el legado del vibrafonista Milt Jackson y lo llevó a un nivel más elevado, desarrollando un estilo contemporáneo y moderno en su manera de tocar. Genio, sensibilidad, curiosidad y una  visión inigualable son solo algunos de los atributos de un músico que grabó más de 40 álbumes y apareció en muchos más, incluyendo algunos considerados clásicos, como Out to Lunch, del saxofonista alto, flautista y clarinetista Eric Dolphy, y Mode for Joe, del saxofonista tenor Joe Henderson.

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